Viejos
son los trapos
Susana Martín
(extraído del libro "MUJERES de 50
y 60 + IVA:
¡no suelten el timón!")
(...)
Viva como siempre le hubiera gustado vivir. Haga lo que no pudo
hacer. Pórtese como si tuviera la edad que desearía
tener.
Esto no significa ir en contra de su reloj biológico. Hablamos
de su reloj psicológico, de la edad mental. De lo jóvenes
que podemos ser todas en nuestro espíritu o corazón.
¿Acaso no escuchó hablar del niño que todos
llevamos dentro? Recupere esa inocencia, esa curiosidad, ese deseo
de llevarse el mundo por delante. (Esto no significa que deje
de tomar sus pastillas para la hipertensión).
Todavía puede decidir qué hacer con su vida, con
su tiempo libre, que a veces es mucho. Usted tiene poder.
¿Se acuerda cuando las obligaciones laborales y familiares
no le dejaban un minuto libre para ocuparse de sus propios intereses?
Vamos, haga memoria, ¡todavía la tiene! ¿Para
qué hubiera deseado tener más tiempo en ese momento?
¿Para dormir, para viajar, para ir al club, para estar
con sus amigas, para estudiar algo? ¿Por qué entonces
quería hacer todo eso y ahora no? ¿Simplemente porque
cayeron varias hojas del almanaque? No es motivo suficiente.
Las mujeres de la tercera edad viajan y se asombran con lo que
descubren. Es más: hay muchos tours o planes especiales
para hacerlo. Hay infinidad de cursos para tomar o materias para
estudiar. Muy a menudo leemos en los diarios sobre el tesón
de algúna mujer que a edad muy avanzada recibe su título
universitario.
Acéptelo: no todas las viejas se quedan en su casa encerradas,
lamentándose.
Si otras pueden salir, usted también. Basta que se lo proponga.
Es su decisión. Usted elige. ¿Se siente enojada
con lo que leyó hasta ahora? ¿Piensa que estoy loca
o delirando? ¿Cree que estos cambios no son para usted?
¡Perfecto! Se habrá identificado con algún
pensamiento o situación. Abandone el enojo, deje el miedo
y crea que cambiar es posible.
Recuerde que viejos son los trapos. No permita que le falten el
respeto, pero, principalmente, no se lo falte usted misma.
Una vez, una maestra ya mayor me contó que al reprender
seriamente a un alumno, el muy insolente le contestó: Bueno,
basta, ¡vieja loca!. Ella, enfurecida, lo señaló
muy duramente con el dedo y le dijo: ¡Un momento!
Loca, sí... ¡Vieja, no! Con lo cual toda la
clase rió, el alumno se dulcificó y ella, satisfecha,
dio por concluido el episodio.
Por lo tanto, recuerde: loca, soñadora, optimista, delirante,
apasionada, rebelde, y hasta malhumorada... ¡sí!
Pero acabada... ¡nunca! Por lo tanto, manos a la obra. Recuerde
que el cambio depende de usted. Nadie puede hacerlo en su lugar.
Vale la pena intentarlo:
tener esperanza significa ver que el resultado es posible,
y luego trabajar para lograrlo.
Bernie S. Siegel
|