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Hacer sed
Tomás Penacino
(extraído del libro "Rastros de cielo")

Hacer sedEstá aún muy arraigada entre nuestros compueblerinos, la costumbre del vermucito antes del almuerzo y de la cena, de pie, en el mostrador, y si es compartiendo con otros, mejor. Pero, como dice don Luis Landriscina, para disfrutar mejor del vermouth hay que hacer sed, valiéndose de un salamín, algún queso picante o unas masitas saladas. El poeta Aledo Luis Meloni, paisano de don Luis, tiene una copla que dice:

Yo no le pido a la vida
cosas de mucho valer
sólo le pido una nada:
que me devuelva la sed.


Quien no tiene sed, deja de buscar. Está saciado, justamente. “Señor, mi Dios, te busco desde la aurora. Mi alma tiene sed de ti”, rezamos con el salmo.
El creyente ha de experimentar siempre esa sed de infinito, de eternidad, por eso su búsqueda de la fuente de Agua viva no cesará hasta el último día.
Cuántos sedientos que uno ve a diario, tirados al borde del camino, las pupilas dilatadas, el pecho agobiado por mil cuestiones sin resolver, y el alma reseca.
El que tenga Sed, venga a mí, dice Jesús.
La Providencia de Dios nunca dejó de asistir a los suyos. Acompañó a su pueblo escogido, para el que hizo brotar agua de las piedras cuando atravesaron el desierto hacia la libertad. Lo acompaña hoy ofreciendo en su hijo Jesucristo el cántaro que nos devuelva la frescura que estamos necesitando. Claro pues, hace falta sed y ¡mire si hay cosas saladas en nuestra vida, como para no tenerla! Falta ver que es lo que se pide para calmarla.

Tal vez me esperen horas de desierto
amargas y sedientas, mas yo sé
que, si vienes conmigo de camino,
jamás yo tendré sed.


Himno litúrgico


 
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