(Fragmento
extraído del libro
"Armando
Tejada Gómez" / Profeta del Viento 1",
escrito por Dora Giannoni)
Ando
cantándole al viento
/ y no sólo por cantar,/ del mismo modo que el viento
/ no anda por andar nomás.../ yo soy sangre en movimiento/
y él es paisaje que va...// Me gusta andar en el viento/
y es porque me gusta andar/ empujado por los sueños/ y
empujando a los demás/ Yo sé que no empujo solo/
y hay quien me empuja a soñar.// Tuve un amigo aquí
cerca,/ corazón de palomar/ le vieron viento en los ojos:/
no lo dejaron pasar/ ¡Ellos no saben que al viento/ nadie
lo puede atajar!// Si la piedra es viento quieto/ que ha movido
el arenal,/¡los muros son sólo viento/ que el viento
se llevará!// ¡Ando cantándole al viento
/ y no sólo por cantar!.
Lo dice él mismo en Explicación
del Viento, en la portada del disco Sonopoemas del horizonte,
de Qualiton:
Amigo, ciudadano del viento y las esquinas: sólo cuatro
palabras antes de conocernos. No hablaremos de mí, precisamente.
En fin, qué le diré, sólo del viento. Sólo
de usted y el viento.
A todo riesgo siempre quise para mis poemas el destino del viento.
Me dolía en la poesía su cautiverio de anaqueles,
la polvosa gloria de la solemnidad, su alienación del hombre
innumerable de mi patria y América, usted comprende. Me
urgía rescatarla de los oscuros aquelarres de iniciados,
para ponerla, como le digo, en dirección del viento a todo
riesgo.
Y todo porque entiendo que la poesía está en
la entraña de la condición humana. Simplemente por
eso. Ésa es, pues, la razón de ser de este disco
en el que, por supuesto, ningún buda de las ganancias creía.
Sólo yo, los míos y mi Juan de siempre, que anda
por el mundo con su silbido a cuestas, esperando que los poetas
se bajen del caballo y le den contenido a su instinto sonoro.
Y usted, sabe, Juan, que es empinado el rumbo y que va a ser difícil
devolverle a la gente ese patrimonio también enajenado:
el canto, la bendita costumbre de soñar y esperanzarse,
el viejo oficio de la maravilla, con el que la humanidad se ha
abierto camino por la vida y la historia.
Y es que los sueños crecen.
Cualquiera, un Juan, un hombre, se sueña primavera y de
repente, un día, avanza entre jardines. Después
es muy difícil sustraerle el aroma. Pone la vida en eso.
Juega la muerte en eso.
Es que la poesía es un asunto heroico: el más hermoso
riesgo de la sangre.
Por lo demás, ¡ni hablar de mis imperfecciones! Ésa
no es la cuestión, precisamente. Hay que buscarle el hueso
a lo que canto, penetrar en las zonas donde a usted le concierne
mi guitarra, de este modo o el otro.
Yo sé que usted es cantor en sus silencios.
¡Vaya si lo sabré!
No de balde lo atajo con poemas, cuando usted cruza el viento,
de prisa, en las esquinas, suponiéndose lejos de mi viento
y mi prisa.
A. Tejada Gómez
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