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De
padre uruguayo Francisco Emilio y madre italiana Elena
Ida Alberto Pascual Devoto nació el 17 de mayo de 1918 en
el seno de una familia de clase acomodada en el barrio de Congreso de
la ciudad de Buenos Aires.
A los quince años ingresó al Seminario porteño de
Devoto el 7 de marzo de 1934. Ordenado sacerdote el 6 de diciembre de
1942 con veinticuatro años, su primer destino de párroco
fue en Nuestra Señora de Balvanera en el barrio de Once, más
tarde en la parroquia Santa Elena en San Isidro en la zona norte del Gran
Buenos Aires. Asignado en el Primer Cuerpo de Ejército como capellán
no militar de las Fuerzas Armadas en 1956 confesó al General Valle,
Cogorno y a los altos jefes militares fusilados por la Revolución
Libertadora que derrocara al gobierno del general Perón en 1955.
En 1957 fue nombrado Rector del Seminario, más tarde Vicario de
la Diócesis de San Isidro, y en 1961 fue designado como único
miembro sacerdote del clero secular integrante de la Comisión preparatoria
del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo por el papa Juan XXIII,
quien el 12 de junio de 1961 lo nombra obispo. Ordenado por Mons. Aguirre,
obispo de San Isidro, el 17 de septiembre, a sus cuarenta y tres años
toma el cargo de primer obispo de Goya, Corrientes, el 29 de octubre de
1961.
Al tiempo que ejercía su servicio episcopal en Goya, como obispo
conciliar con sede en Roma ofició como vocero para la prensa de
habla hispana nombrado por Juan XXIII y confirmado por el papa Pablo
VI de todo lo que iba sucediendo en las distintas etapas del Concilio
Vaticano II desde su apertura el 11 de octubre de 1962 hasta 1966. Miembro
activo del magno evento, alternaba su presencia en las zonas más
olvidadas de la diócesis del Litoral argentino con las cartas pastorales
que semanalmente enviaba a los religiosos y laicos de la comunidad goyana
desde Ciudad del Vaticano, a los que trasmitía entusiasta las novedades
de los documentos que se iban redactando durante el Concilio ecuménico.
El 17 de mayo de 1964 fundó el Instituto Vocacional San Carlos
Borromeo, punto de partida del Seminario diocesano, el Seminario Menor
San Pablo Apóstol en 1976 y en 1978 el Seminario Mayor Santo Cura
de Ars, Corrientes.
La visión del Concilio y las inundaciones en Goya en 1966 (como
más tarde en 1982-83) influyeron en la síntesis pastoral
que llevaría a cabo coherente y sin fisuras durante los años
que ejerció como obispo de Goya en una provincia hegemonizada por
un sistema cuasi feudal: terratenientes provenientes de unas pocas familias
que se repartían la totalidad de las tierras de la región
en detrimento del pueblo pobre en el marco de las dos últimas dictaduras
militares que se apoderaron de la Argentina entre 1966-1973 y 1976-1983.
Encaró la renovación litúrgica en base a la expresión
cultural de la región litoraleña y abrazó con ardor
la Opción Preferencial por los Pobres. En 1967 como uno de los
grandes inspiradores e integrante natural de los Encuentros Nacionales
del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (fundado por el P. Miguel
Ramondetti) dirigió su acción hacia la creación de
las Comunidades Eclesiales de Base (CEB); impulsó la creación
del Movimiento Rural de Acción Católica; promovió
las Vicarías obreras; puso en acto las Misiones Rurales; promovió
y acompañó las luchas del campesinado correntino a través
del Movimiento de las Ligas Agrarias, de la Juventud Obrera Católica
(JOC), las Vanguardias Obreras Católicas, la Pastoral Rural y otras
organizaciones de base obreras y campesinas. Con el énfasis puesto
en la pastoral social promovió el laicado, a las vocaciones regionales
desde su propia cultura; a los jóvenes; a la integración
de los discapacitados y a la catequesis centrada desde los Encuentros
Diocesanos de Catequesis (ENDIOCA), como delegado por los obispos del
noreste argentino (NEA) por quince años, y como miembro activo
del Seminario Regional de Catequesis (SERECA).
Mientras se sucedían las detenciones ilegales, las torturas y las
persecuciones a los integrantes de los gremios, de los movimientos sociales,
religiosos y de los luchadores de las clases populares de la región,
Devoto se dedicó intensamente a recorrer las principales cárceles
del país gestionando la libertad de estos presos políticos.
La maestra rural Norma Morellos y la militante Rosa del Milagro Palacios
entre muchos- dan cuenta testimonial de la cercanía humana,
pastoral y concreta de su servicio en aquellos años.
Hostigado y amenazado de muerte reiteradas veces por los responsables
de los gobiernos militares, también soportó el rencor de
las clases pudientes de la región que gustaba motejarlo con ligereza
acusándolo de subversivo u obispo rojo. En cambio, Alberto Devoto
abrevaba de los Evangelios, de las Encíclicas de Juan XXIII y Pablo
VI, como de otros grandes pensadores del siglo XX como Maritain, Theilard
de Chardin, Paul Ricoer, entre otros. Conocido y respetado en toda Europa,
el Comité francés contra el Hambre y por el Desarrollo;
Adveniat, de la Iglesia alemana; la comisión de Sacerdotes Franceses
para América latina lo ubicaban como una esperanza en aquella Argentina
de oscuridad y represión.
Amado y admirado por su pueblo y tras ejercer por más de veintitrés
años el obispado de Goya, el Padre Obispo Alberto Pascual Devoto
falleció el 28 de julio de 1984 en un accidente automovilístico
en la ruta entre Goya y Esquina, Corrientes, a los sesenta y seis años.
En julio de 2004, en ocasión de cumplirse el vigésimo aniversario
de su fallecimiento, el Gobierno de la provincia de Corrientes auspició
la publicación póstuma de sus escritos recopilados por Ramón
O. Mendoza y por gestión del padre Julián Zini, declarándolos
de interés cultural y provincial.
OBRAS PUBLICADAS
Crónicas conciliares: palabra en el corazón
del mundo. Editora Patria Grande, Buenos Aires, 2004
Cartas Pastorales. Tomo I. Editora Patria
Grande, Buenos Aires, 2004
Cartas Pastorales. Tomo II. Editora Patria
Grande, Buenos Aires, 2004
Testimonios. comp. Ramón O. Mendoza.
Editora Patria Grande, Buenos Aires, 2004
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